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Santa Barbara, Lunes 26 de Junio de 20065
Abro el buzón. Una carta del banco, otra de la Universidad, y una postal enviada desde Barcelona. El dibujo de la postal, más de una docena de vacas. Del texto manuscrito, me quedo con una pregunta: “¿Has encontrado ya tu cencerro?” Llego a casa y anoto la pregunta en el cuaderno naranja. Preparo la mochila para ir a la Universidad, y no me olvido del cuaderno naranja. Me voy a la compra, y me llevo el cuaderno. El cuaderno naranja es el cuaderno de las Crónicas Californianas. Allá donde voy, anoto las ideas que surgen para las Crónicas. Yo y mi cuaderno naranja. O mejor, las C. C. y el cuaderno naranja. La lista de temas para las Crónicas que han quedado en el tintero supera el centenar. Llega el viernes y sé que tengo que ponerme con el siguiente capítulo de las Crónicas. Gracias a ellas, mi trauma-pánico a los fines de semana se ha reducido, aunque no ha desaparecido. Viernes, sábado, y domingo: días para releer el cuaderno y ponerme a escribir. Las tardes de los domingos, las más emocionantes de la semana. Europa duerme, yo escribo estas líneas. Esa emoción – que da la diferencia horaria – se repite también los lunes por la mañana. Es lunes – el fin de semana ha acabado y respiro aliviado – y me despierto media hora antes, con la emoción de leer los primeros comentarios en el blog o los primeros correos electrónicos.
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Todavía no son las ocho de la mañana. Vuelvo con Roko de nuestro paseo matinal, le doy de comer, le recuerdo que volveré por la tarde, cojo las llaves y me voy a trabajar. Escucho a Pablo Motos en la radio. Llego a la oficina, aparco y subo en el ascensor. Es una decisión difícil de tomar. Han pasado solamente varios meses desde que empezamos a trabajar juntos. No estoy pasando un buen momento personal, e ir a la oficina es simplemente ir trabajar. “Formáis un equipo ejemplar,” nos dicen. “Es mi mayor apoyo personal,” pienso. Es una decisión difícil de tomar. Finalmente, decido cambiar y es a ella a quien primero se lo comunico. “Me atraen mucho los nuevos retos,” le digo – al mismo tiempo que intento contener la emoción. Conduzco de vuelta a Madrid, son las ocho de la tarde, escucho a Pedro Blanco en la radio. Volveré todos los días a la misma oficina, y ya no será lo mismo. Volveré a casa todos los días, y seguirá siendo lo mismo. No estoy pasando un buen momento personal. Peter Pan sigue empeñado en seguir escondiendo mi cencerro. Y yo sigo empeñado en seguir dándole la razón a Grace: “¿Sabes qué dicen sobre lo que debes hacer cuando te pierdes en el bosque? Si te quedas quieto, si buscas un sitio y no te mueves, no te preocupes, te encontrarán.”
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“Escríbeme y cuéntame qué tal te va todo por California.” Muchos de vosotros coincidíais en querer saber qué tal me trataba la vida frente al Pacífico. El pasado 23 de septiembre envié por primera vez un tímido correo electrónico cuyo asunto decía “Crónicas Californianas.” Vuestra respuesta, vuestro ánimo, y vuestro interés queriendo saber más, me animaron a seguir escribiendo, a seguir enviando correos electrónicos y fotografías intentando reflejar mi vida y mis impresiones en California. Años atrás, después de elegir por el cambio en la oficina, temí perder uno de mis apoyos personales. Años después, tras muchos cambios en nuestras vidas, sigue siendo uno de mis apoyos personales. Me animó a saltar de los correos electrónicos al blog, y me regaló su primer óleo, compañero de mesa de mi portátil. Seguí escribiendo, y cada capítulo era un nuevo reto para mí. Queríais más, y vuestras respuestas han sido la mejor motivación personal que he recibido en California para seguir escribiendo, para seguir descubriéndome. Vuestro interés despertó el mío, y busqué y releí lo que había escrito desde el instituto. Ficción y no ficción; micro relatos de “literatura fantástica” y “literatura de terror”; poesía y artículos periodísticos. Mi madre y vuestro inesperado interés por las Crónicas me habéis ayudado a recordar a qué jugaba cuando era pequeño, a qué quería ser de mayor cuando tan sólo era un niño.
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Cuando llegué a California el pasado mes de septiembre, no lo hice solo. Peter Pan voló conmigo: todavía no había decidido qué quería ser de mayor. Sin embargo, las tres pasiones vitales que me empujaron a venir, siguen intactas: la búsqueda del conocimiento, enfrentarme a nuevos retos, y escribir. La Universidad ha cumplido con expectativas que ni siquiera hubiera imaginado, así como me ha ayudado a madurar. California ha sido uno de los retos personales y profesionales más importantes de los últimos años. En cuanto a la tercera pasión, intentaré responder a la pregunta “¿Cómo quiero que sea mi vida dentro de diez años?” Cierro los ojos y veo a un hombre de mediana edad, con el pelo blanco, sentado frente a un portátil, trabajando como periodista, escribiendo desde diferentes lugares. En unos días estaré de vuelta en España, y finalmente volaré solo: Peter Pan se quedará en California. “The most exciting, challenging, and significant relationship of all is the one you have with yourself. And if you find someone to love and to be loved, that’s just fabulous.” “La relación más emocionante, retadora e importante de todas, es la que tienes contigo mismo. Y si encuentras a alguien a quién amar y ser amado, es simplemente extraordinario”
¡Feliz Verano!
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Santa Barbara, Lunes 19 de Junio de 2006
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Llego a casa, es muy tarde, pero no estoy cansado. Guardo la bolsa del Thyssen en la mochila. En un par de horas sonará el despertador, cogeré el taxi y me iré al aeropuerto. Estoy solo en casa, sentado en el sofá, frente a las maletas. No puedo dormir, enciendo la radio, escucho a Mara Torres, y llamo por teléfono. “Desde Madrid nos llama José Luis, buenas noches.” Le cuento a Mara que mi vida va a cambiar en pocas horas, que me marcho a California, a estudiar, a trabajar, y que no sé ni porque me marcho. Le cuento que siento que no soy plenamente consciente de las decisiones que tomo en mi vida, que siento que es la inercia la que me lleva de un lado para otro, sin rumbo fijo, “como vaca sin cencerro.”Le cuento que es también la inercia la que hace que – a falta de pocas horas de marcharme – no sea realmente consciente de los cambios que afronto y del viaje que emprendo en pocas horas. Le cuento a Mara que no es la primera vez que me marcho lejos por un tiempo, y que me encanta recibir postales cuando estoy tan lejos. Entonces, recuerdo la postal que P. me dio días antes. “Cada camino recorrido o por recorrer es una línea, donde los puntos son: un sueño, un recuerdo, la ilusión de una mañana de ayer, la estrella fugaz a la que le pediste un deseo, un arco iris repentino, las manos de los amigos… Puntos que configuran nuestro mapa. No olvides, que allí las personas que conocemos, tocamos, queremos o sentimos se convierten en una pieza importante del rompecabezas de nuestra vida. Cada camino por recorrer alberga la magia de millones de puntos.”
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- Bienvenidos a la Séptima Edición Anual de la Graduación Lavanda y Ceremonia de Premios, organizada por el Centro para la Diversidad Sexual y de Género, y dirigida a la comunidad LGTBQIA – lesbian, gay, transsexual, bisexual, queer, intersexed, and ally – de la Universidad de California en Santa Barbara. Por favor, antes de comenzar apaguen sus teléfonos móviles y sus vibradores o sus juguetes sexuales que lleven en el bolso. Muchas Gracias.
Así comenzaba la Ceremonia de Graduación a la que me habían invitado por estar nominado a uno de los Premios. La Presidenta de la Asociación de Estudiantes Queer de la Universidad – la asociación queer más queer de todo el campus – se encargó del mensaje de bienvenida, así como de servir de enlace a aquellas personas que o bien entregaban premios, o tenían reservados unos minutos para unas palabras. “La primera Ceremonia de Graduación Lavanda se celebró en la Universidad de Michigan en 1995. Esta Ceremonia ofrece la posibilidad de reconocer y premiar los logros de los estudiantes LGTBQIA de la Universidad. La Ceremonia proporciona el espacio para celebrar sus logros, y ofrece el reconocimiento oficial del trabajo realizado.”
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Le prometí no abrir la bolsa del Thyssen hasta que el avión no hubiera despegado. El taxi llegó cinco minutos antes de lo previsto. Bajé las maletas, le dije al taxista que esperara y volví a subir a casa. Un último vistazo, pensé. Todavía era de noche, pero no pude evitar levantar las persianas. La casa se quedaba sola, pero quería que el sol entrara por las ventanas al amanecer, como todos los días. Qué estupidez, pensé. Llegué al aeropuerto, dejé las maletas, recogí mi tarjeta de embarque. Ante mí, más de 15 horas de vuelo con destino a lo desconocido. Sin embargo, me senté a esperar en la zona de embarque con la tranquilidad de quien espera el metro. Será la inercia, pensé. “Tienes que aprovechar al máximo esta oportunidad académica y profesional,” me dijo la noche anterior, al mismo tiempo que me deslizaba la bolsa del Thyssen. Me senté, me abroché el cinturón, respiré hondo. El personal de aire empezaba a moverse y a repartir bebidas mientras me resistía a abrir la bolsa, disfrutando del pequeño vértigo que se avecina, sabiendo que lo que contenga la bolsa me iba a conmover. Mientras observaba la reproducción de El Sueño, de Franz Marc, la señora que tenía a mi lado dudaba entre seguir observando en silencio o intervenir ante mi emoción. Al darle la vuelta, leí “¡Que mi bendición sea contigo! Y procura imprimir en la memoria estos pocos preceptos: No propales tus pensamientos ni ejecutes nada inconveniente. Sé sencillo, pero en modo alguno vulgar. Los amigos que escojas y cuya adopción hayas puesto a prueba, sujétalos a tu alma con garfios de acero, pero no encallezcas tu mano con agasajos a todo camarada recién salido sin plumas del cascarón. Guárdate de entrar en pendencia; pero, una vez en ella, obra de modo que sea el contrario quien se guarde de ti. Presta a todos tu oído, pero a pocos tu voz. Oye las censuras de los demás, pero reserva tu juicio (…) Y sobre todo, esto: sé sincero contigo mismo, y de ello se seguirá como la noche al día, que no puedas ser falso con nadie. ¡Adiós! Que mi bendición haga fructificar en ti todo esto.” Polonio a Laertes. Acto primero, escena tercera. Hamlet. WILLIAM SHAKESPEARE.
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Dieciocho estudiantes deciden participar en la Séptima Edición Anual de la Graduación Lavanda y Ceremonia de Premios. Recibirán sus diplomas de B.A., M.A., Ph.D. Comienza la Ceremonia y avanzan en procesión hasta sus asientos. Después de la divertida bienvenida de Adrianne, habla la Vice Directora del Centro para la Diversidad Sexual y de Género de la Universidad de California en Santa Barbara. Momento emotivo, donde Stephanie recuerda que no sólo es un momento de despedida para aquellos que se gradúan. También los es para ella, que deja el cargo este mismo mes. A continuación, Presentación y Entrega de los Premios. Como en los Oscar, cada premio es entregado por una persona diferente. Premio de Estudios LGTBQ. Entrega el Premio Leila J. Rupp, Directora del Departamento de Estudios de la Mujer, de Género y LGTBQ. “Por la calidad de su trabajo, por su pasión por los Estudios LGTBQ, por su inspiración, por su imaginación, por su inteligencia, por su compromiso, y porque oiremos mucho de él en el futuro, es un gran placer para mí entregar hoy este premio a José Ramos-Rebollo.” Leila, que es un amor, me nomina a este premio hace más de un mes, sin decirme nada hasta este momento. Después de la entrega de premios – y antes del acto de Ceremonia de Graduación – el estudiante Theo Burnes representa una pequeña pieza poética de creación propia. Antes de la Recepción Final del Acto, últimas palabras a cargo de Kyle Richards, Director del Centro para la Diversidad Sexual y de Género de la Universidad de California en Santa Barbara. Felipe II mandó construir una teja de oro para culminar la gran obra del Monasterio de El Escorial. El Premio de Estudios LGTBQ de la Universidad de California en Santa Barbara es la teja de oro que culmina académica y profesionalmente mi aventura Californiana.
En el último capítulo…
Y así empezó todo…
Que tengáis una estupenda semana.
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Santa Barbara, Lunes 12 de Junio de 2006
A falta de tres lunes para cerrar las Crónicas Californianas – ¿para siempre? – el capítulo de hoy lo dedico a resumir cómo se ha desarrollado una semana cualquiera de mi vida en California. Las primeras semanas no son las últimas, y las diferencias entre un día cualquiera del pasado mes de octubre a un día cualquiera del mes de junio también os las cuento.
Lunes. Desde que existen las Crónicas Californianas, me cuesta levantarme menos los lunes – en el último capítulo sabréis por qué. Suena el despertador, ducha, enciendo el ordenador, desayuno – dos piezas de fruta, una de ellas siempre una naranja; yogur con salvado, algunas veces con miel, otras con pasas; un té Earl Grey – y preparo la cartera para el cole. Los lunes, días de clase, trabajo, biblioteca. Durante el primer y segundo trimestre, los lunes clase a las 9. Durante el último trimestre, los lunes trabajo a las 9. Los lunes, también días de cine. El programa de actividades Arts & Lectures de la Universidad ha ofrecido todos los lunes la proyección de una película de estreno. Hace unas cuantas semanas, Good Night and Good Luck. Pensando en la gran amiga la ansiedad, días en los que siempre empieza algo nuevo: la semana
Martes. California me ha aportado muchas cosas positivas. Sin embargo, y en cuanto a vida personal se refiere, California no ha sido muy generosa. Me prometí acudir a fiestas universitarias – o al menos intentarlo. Después de haber asistido a varias en las que me sentí como un pulpo en un garaje, decidí no acudir a ninguna más. Por eso, gran parte de mi ocio se ha limitado a devorar películas. Martes y jueves han sido días siempre duros desde que llegué en otoño. La mayor parte de mis clases se han concentrado en martes y jueves. Después de pasar todo el día en el campus – entre clases, trabajo y la biblioteca – los martes han acabado con la cita semanal en el Cine Club Francés Italiano de la Universidad. Cine Francés o Italiano en Versión Original, y con introducción previa a lo “¡Qué grande es el cine!”. Y además, gratis.
Miércoles. Suena el despertador, es miércoles, vuelta a empezar. Después del duro martes, el miércoles ha sido siempre un día de transición al otro gran día de la semana, el jueves. La energía con la que comienzo todas las semanas, empieza a desaparecer según avanza los días. Los miércoles se han desarrollado con clases madrugadoras, trabajo en la oficina o en los centros de preescolar, la biblioteca –
¡Si parece el día de la marmota! – y la “Taza de Cultura.” El Centro Multicultural de la Universidad ofrece diariamente amplio número de actividades culturales que se caracterizan por ser las más diversas en cuanto a culturas y etnias – teniendo en cuenta que Santa Barbara es el Campus de la Universidad de California con menor diversidad racial y cultural. Los miércoles son el día de “La Taza de Cultura”, en los que se ofrece café, té y pastas durante las dos horas previas a la proyección de la película semanal del Centro Multicultural. ¡Qué mejor propuesta para acabar el miércoles que viendo una película! No fui consciente del espectador asiduo en el que me había convertido a la cita cinéfila gratuita de los miércoles hasta que hace unas semanas la directora del Centro Multicultural se acercó para saludarme.
Jueves. Como no quiero que esto parezca el Blog de la Marmota, me limitaré a recordar que los jueves – junto a los martes – han sido los días más duros desde que llegué. La parte positiva de concentrar la mayoría de clases en dos días es poder disfrutar de un fin de semana de tres días. Durante el primer trimestre – lleno de primeras emociones y de mucho desgaste físico e intelectual – al acabar la semana de clases los jueves, me sentía completamente agotado y me iba a dormir muy temprano. Después de haberme hecho con la situación, llegar con energía suficiente a los jueves ha sido más fácil. Después de la semana de clases – y para compensar el esfuerzo – los jueves aún me queda energía para ver en casa una de las tres películas en DVD que semanalmente cogía de la biblioteca de la Universidad. El jueves, noche de Cine en Español. Después de volver a ver toda la filmografía de Almodóvar y recorrer los Clásicos del Cine en Español, he descubierto grandes películas en Español. La última, Plata Quemada.
Viernes. No haber tenido clase ningún viernes no ha significado no haber trabajado, no haber ido a la biblioteca, no haber estudiado. Los viernes en los que ido a trabajar, ha sonado el despertador a la misma hora que de lunes a jueves. Los viernes en los que ya no he trabajado, ha sonado el despertador a la misma hora que de lunes a jueves. Si me quedaba en casa, la mañana del viernes era el momento para la colada semanal. Primer viaje a la colada, con la ropa y el detergente, para poner las lavadoras. Volvía a casa, y mientras esperaba, me dedicaba a ordenar y a limpiar la casa. Segundo viaje, con el suavizante – que se incluye en el secado – para poner las secadoras. Volvía de nuevo a casa y seguía con la limpieza. Tercer viaje, para traer la ropa de vuelta, seca y doblada. El resto del día – sin salir de casa – lo dedicaba a escribir, a leer, a estudiar, a las Crónicas Californianas. La noche de los viernes, cine LGTBQ en casa, DVD de la biblioteca del Centro de Investigación para la Diversidad de Género y Sexual de la Universidad.
Sábados y Domingos. Sonara o no sonara el despertador, antes de las 8 de la mañana ya estaba despierto. Las mañanas del sábado han sido, en general, relajadas. Brunch – comida a caballo entre el desayuno o breakfast y la comida o lunch – lectura, algo de trabajo, y llamadas a casa. Gracias a ¿la magia? de la diferencia horaria, las mañanas del sábado y del domingo han sido las mañanas en las que he podido hablar con España con mayor tranquilidad. Las tardes del sábado y del domingo han discurrido entre la terraza – si hacía sol – o en el apartamento. En cualquier caso, trabajando. Las noches del sábado, una vez más, cine en casa. Cine Europeo, Cine Americano – desde Alaska hasta Chile – Cine Asiático, Cine Africano, Cine Australiano. Las mañanas del domingo han sido las de la compra – soy hombre de rutinas – las de hablar con España y las de cerrar la edición de las Crónicas y La Blogola. Sin querer adelantarme al último capítulo – tengo la sensación de haber dicho ya esto – todas las noches del domingo volvía a sentir la magia de la noche de los Reyes Magos.
En el próximo capítulo…
La Teja de Oro
Que tengáis una estupenda semana.
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Santa Barbara, Lunes 5 de Junio de 2006
No son ni las seis menos cuarto de la tarde y Batik y Ella ya me están pidiendo la ración de comida vespertina. Voy al garaje, me llevo la comida a la cocina, recojo los platos de los dos, les echo de comer, me llevo la comida al garaje, y cuando vuelvo a la cocina ya están Batik y Ella pidiéndome el postre. Por la tarde toca una oreja de cerdo a cada uno. Recojo mi maleta – roja y con ruedas, como la de Jordi – y me vuelvo a casa después de pasar el largo fin de semana cuidando de dos perros maravillosos. Aunque parezca domingo, es lunes – Memorial Day – y aunque parezca lunes, mañana será martes. La semana va a pasar volando.
Y pasó volando. Penúltima semana de clases y de trabajo. La semana que hoy empieza será la última y la próxima, la semana de exámenes. Aunque hasta la próxima semana no acaba el plazo para la entrega de trabajos, estoy haciendo lo posible – y lo imposible – para entregarlos antes de tiempo. Eso me permitirá tener una semana extra para tumbarme en la playa. Sin querer adelantarme al último capítulo de las Crónicas Californianas – Lunes, 26 de Junio de 2006. Crónicas Californianas: Detrás de las Cámaras – os cuento que hoy es la primera vez que escribo la Crónica desde la biblioteca: octava planta, en una mesa enorme, frente a un gran ventanal desde que observo el Pacífico y las Channel Islands.
Tomando tres clases por trimestre y tomando tres trimestres al año, los planes de estudios universitarios en Estados Unidos están diseñados para cursarlos en cuatro cursos. Sin embargo, cada curso tiene cuatro trimestres: Otoño, Invierno, Primavera y Verano. Hay muchos alumnos que toman más de tres clases al trimestre o incluso toman clases durante el verano, por lo que hay alumnos que acaban sus estudios en tres años. En cualquiera de los casos, la veteranía es también un grado. Los alumnos de primer año son Freshman – dieciocho años, los de segundo son Sophomore – diecinueve años, los de tercero son Junior – veinte años, y los de cuarto son Senior – veintiún primaveras.
Al margen de las características propias de un ser de veinte años, la generación que me ha rodeado durante este tiempo en California se caracteriza por ser la Generación Google. ¿Qué tiempo hará mañana? Google. ¿Cómo llego hasta tal dirección? Google. ¿Qué fuentes utilizo para hacer un trabajo? Google. ¿Qué tipos de talleres se ofrecen a los profesores como formación continua? “Aprende a saber si tu alumno utiliza Google para los trabajos.”
La carne es débil y la carne de los de dieciocho es – como su propio nombre indica – fresca. Carne fresca y muchas hormonas. Al igual que un filete fresco con muchas hormonas, está delicioso. Sin embargo, tiene contraindicaciones y efectos secundarios. Al hablar de carne fresca – veinteañeros – recuerdo la entrevista de Julia Otero a Antonio Carmona y a Lolita en Las Cerezas. Pregunta Julia Otero: “¿Qué echáis de menos cuando teníais veinte años?” Responden Antonio y Lolita: “Todo, menos el cerebro.” Gracias a Google, dentro de treinta años, las actuales generaciones de veinteañeros no serán capaces de recordar cuando tenían veinte años. Y hablando de carne, la pasada semana me escapé dos horas a un taller de disciplina. No disciplina británica, sino disciplina sexual.
Taller Informal de Introducción – nunca mejor dicho – al bondage, a la disciplina, a la submisión, al sado, y al masoquismo. Muy interesante encontrar entre la oferta cultural de un centro educativo – como es la Universidad – un taller tan específico de sexualidad. Dirigido a la comunidad LGTBQ, y excepcionalmente conducido por seis lesbianas y una transexual femenina, proporcionó definiciones y explicaciones sobre conceptos básicos, respondieron muy amablemente a todas las preguntas, nos ofrecieron una demostración, y sortearon un látigo. Si pensaba que iba a ser difícil explicar en el aeropuerto porqué me llevo la bicicleta a España, no sé muy bien cómo voy a explicar lo del látigo.
Y como no sólo de azotes vive el ser humano, dos días antes se celebraron las Jornadas de Salud Sexual en el Campus: Sex Affair. Diez organizaciones colocaron sus stands para proporcionar información sobre salud sexual. Y como no sólo de información vive el ser humano, miles de condones y lubricantes fueron repartidos en el Campus. El reparto de condones en la Universidad de California no es algo puntual que se reduzca a un solo día. Desgraciadamente, no hablar de las enfermedades de transmisión sexual no consigue hacerlas desaparecer. No dejéis de visitar esta semana http://doctoraqueer.blogspot.com El atractivo de la jornada Sex Affair, dos personas disfrazadas de pene y vagina gigantes con los que te podías retratar. Al hablar con ellos – el pene y la vagina – me acordé del Club del que me acababa de hacer socio: I Wish Life was a Musical…
En el próximo capítulo…
7 días, 7 noches
Que tengáis una estupenda semana.
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